El bosque de Noruega, o skogkatt, es una raza natural de Escandinavia que lleva siglos adaptada a inviernos muy duros. Según la mitología nórdica, eran gatos de este tipo los que tiraban del carro de la diosa Freya. Es un gato grande y robusto, con cabeza triangular, perfil recto, orejas con penachos y un espectacular manto doble: una capa interna lanosa que aísla del frío y otra externa larga e impermeable. En invierno luce una gran gorguera alrededor del cuello. Madura despacio y no alcanza su tamaño adulto hasta los cuatro o cinco años.
Es un gato tranquilo, equilibrado y afectuoso, pero sin ser dependiente: le gusta estar cerca de su familia, aunque también valora sus momentos de independencia. Se adapta bien a la vida con niños y con otros animales, y conserva un espíritu juguetón durante toda su vida. Es un trepador excelente, capaz incluso de bajar de los árboles de cabeza, así que disfruta muchísimo de los espacios en altura.
Su pelo es menos propenso a enredarse de lo que parece, pero necesita uno o dos cepillados por semana, y a diario durante la muda de primavera, cuando pierde gran parte de la capa interna. Es importante ofrecerle rascadores altos y estables, y repisas donde trepar. En cuanto a la salud, es una raza en general resistente, aunque puede presentar miocardiopatía hipertrófica, displasia de cadera y una enfermedad hereditaria llamada glucogenosis tipo IV, que puede detectarse con una prueba genética. Si vas a adoptar uno, pregunta al criador si los padres están testados.