El siamés es una de las razas más antiguas y reconocibles del mundo. Procede del antiguo reino de Siam, la actual Tailandia, donde se consideraba un gato sagrado. Su rasgo más característico es el patrón colorpoint: cuerpo claro con la cara, las orejas, las patas y la cola más oscuras. Se debe a una enzima sensible a la temperatura que solo produce pigmento en las zonas más frías del cuerpo. Por eso los cachorros nacen casi blancos y se van oscureciendo con la edad. Tiene un cuerpo esbelto y elegante, y unos inconfundibles ojos azules almendrados.
Si buscas un gato tranquilo y silencioso, el siamés no es para ti. Es uno de los gatos más habladores que existen: «conversa» con sus tutores con una voz potente y variada, y reclama atención de forma constante. Es muy inteligente, curioso, activo y extremadamente apegado a su familia, hasta el punto de que la soledad prolongada puede provocarle estrés y problemas de conducta. En casas donde pasa muchas horas solo, suele agradecer la compañía de otro gato.
Su pelo corto y fino apenas necesita cuidados: con un cepillado semanal es suficiente. Lo que sí necesita es mucha estimulación mental, con juguetes interactivos, comederos rompecabezas y sesiones diarias de juego, e incluso puede aprender trucos. En cuanto a la salud, es propenso a los problemas dentales, por lo que conviene revisar su boca con regularidad, y puede presentar enfermedades hereditarias como la atrofia progresiva de retina o la amiloidosis. Unas revisiones anuales completas ayudan a detectarlas a tiempo.