El maine coon es originario del estado de Maine, en el noreste de Estados Unidos, donde se desarrolló de forma natural como gato de granja y de barco, adaptado a un clima frío y húmedo. Es una de las razas domésticas más grandes: los machos adultos suelen pesar entre 6 y 9 kilos, y algunos los superan. Tiene un pelo semilargo y desigual, orejas grandes con penachos, patas con mechones entre los dedos que le sirven de raquetas de nieve y una cola larga y muy poblada con la que se abriga al dormir.
Su apodo de «gigante amable» le va como anillo al dedo. Es sociable, paciente y muy cariñoso, pero sin agobiar. Se lleva estupendamente con niños, perros y otros gatos, y es muy inteligente y fácil de estimular con juegos. En lugar de maullar, a menudo se comunica con una especie de trino o gorjeo muy característico. Además, muchos sienten una curiosa fascinación por el agua y juegan con ella en el bebedero o en la ducha.
Por su tamaño necesita un equipamiento a su medida: areneros grandes, rascadores robustos y camas amplias. Su pelo requiere dos o tres cepillados por semana para evitar nudos, sobre todo en el vientre y detrás de las patas. Hay que controlar su peso, porque cualquier kilo de más sobrecarga sus articulaciones. Es una raza con predisposición a la miocardiopatía hipertrófica (existe una prueba genética para una de sus variantes), a la displasia de cadera y a la atrofia muscular espinal, por lo que conviene elegir criadores que hagan pruebas a sus reproductores y realizar revisiones periódicas.